A lo largo de mi ejercicio artístico he explorado distintos medios y lenguajes para investigar una inquietud persistente: la manera en que sistemas culturales, tecnológicos y simbólicos influyen en nuestra percepción de la realidad.
No se trata de negar la existencia de estructuras organizativas —toda sociedad las produce—, sino de preguntarnos hasta qué punto somos conscientes de ellas. Gran parte de nuestras decisiones, deseos, miedos y límites se configuran dentro de marcos que rara vez examinamos de forma crítica. Vivimos atravesados por códigos que operan con naturalidad, hasta volverse invisibles.
Mi trabajo se sitúa en ese punto de fricción.
A través de procesos que combinan archivo documental, traducción pictórica y manipulación cromática, busco evidenciar que la imagen no es una superficie neutra, sino el resultado de múltiples sistemas de interpretación. El tránsito entre lo digital y lo matérico —de RGB a CMYK, de emisión lumínica a pigmento orgánico— no es un recurso formal, sino una forma de hacer visible la arquitectura que sostiene lo visible.
La obra no pretende ofrecer respuestas cerradas ni doctrinas. Propone interrupciones. Genera desplazamientos perceptivos que invitan al espectador a reconocer cómo se construyen las narrativas que habitamos.
El arte, en este sentido, funciona como dispositivo crítico: no reprograma la realidad, pero puede activar la conciencia sobre los sistemas que la organizan.
Las piezas reunidas en la sección Arte no buscan ser consumidas como imágenes aisladas, sino experimentadas como mecanismos de lectura. Más que representar una problemática, ensayan una práctica: observar la estructura antes de aceptar la superficie.
Pon esta obra solo en manos de quien entienda que no viene a explicar el sistema, sino a mostrar cómo incluso la explicación puede ser parte de él.
































