Sistema perceptivo de construcción de memoria
Formulación integral ampliada (2025)
“Desde 2018 desarrollo sistemas perceptivos de memoria basados en superposición de capas y desplazamiento del espectador, donde la imagen no se representa, sino que se construye en la experiencia“
1. Declaración
Vacíos Opcionales no es una obra en el sentido tradicional de representación. No parte de la intención de mostrar una imagen, ni de comunicar un mensaje cerrado, ni de construir un relato lineal. Su planteamiento se sitúa en otro nivel: es un sistema perceptivo que establece condiciones bajo las cuales la imagen puede aparecer.
En este proyecto, la imagen no está previamente dada. No existe como objeto autónomo esperando ser observado. La imagen ocurre. Se produce. Y solo puede hacerlo cuando se activa una relación específica entre el cuerpo del espectador, el espacio que habita y las capas visuales que lo atraviesan.
La memoria, en este contexto, no es evocada ni narrada. Es construida en tiempo real como una consecuencia directa de esa interacción.
2. Problema
En la mayoría de los enfoques tradicionales, la memoria ha sido entendida como archivo, como relato o como acumulación de información. Incluso en el campo del arte, muchas propuestas continúan operando bajo esa lógica: representar recuerdos, documentar experiencias o reconstruir narrativas.
Vacíos Opcionales plantea una ruptura con esa forma de entender la memoria.
La pregunta que articula el proyecto no es qué recordar, sino cómo se produce el acto de recordar cuando la percepción es inestable.
La memoria no es contenido. Es una configuración perceptiva en constante variación.
Esto implica desplazar el foco desde lo que se muestra hacia las condiciones que hacen posible que algo sea percibido como memoria.
3. Sistema
El proyecto se estructura como un sistema perceptivo definido por reglas claras. No se trata de decisiones estéticas arbitrarias, sino de condiciones operativas que determinan cómo se construye la imagen.
Estas reglas son:
- Dependencia del cuerpo
La imagen no existe sin el desplazamiento del espectador. No hay lectura posible desde una posición fija. El movimiento no es opcional, es constitutivo. - Superposición obligatoria
Cada fragmento visual carece de sentido por sí mismo. Solo adquiere significado cuando se superpone con otros. La imagen es siempre relacional. - Inestabilidad visual
No existe una imagen final ni definitiva. Cada punto de vista produce una configuración distinta. La obra no puede ser fijada en una sola lectura. - Fragmentación estructural
La totalidad nunca es accesible de manera completa. El espectador solo puede acceder a fragmentos que se articulan temporalmente durante el recorrido.
A partir de estas reglas, se establece un principio central:
La imagen no existe como unidad fija. Se produce únicamente en la intersección entre capas, desplazamiento y punto de vista.
4. Contexto contemporáneo
El proyecto se inscribe dentro de las prácticas contemporáneas que investigan la relación entre imagen, cuerpo y espacio. Sin embargo, se distancia de enfoques que priorizan lo narrativo o lo documental.
En un contexto caracterizado por la sobreproducción de imágenes, la inmediatez del consumo visual y la pérdida de la experiencia corporal, Vacíos Opcionales propone una desaceleración.
Aquí, la imagen no puede ser consumida de un vistazo. No se entrega completa. No se deja capturar fácilmente. Requiere tiempo, desplazamiento y atención.
El espectador no recibe la imagen: debe construirla.
5. Justificación
La saturación de imágenes en la cultura contemporánea ha transformado la percepción en una experiencia pasiva. Las imágenes se consumen rápidamente, sin profundidad ni implicación corporal.
Este proyecto responde a esa condición proponiendo una experiencia donde la imagen no está disponible de forma inmediata. La percepción se vuelve un proceso activo, inestable y necesariamente incompleto.
Al obligar al espectador a desplazarse y reconstruir lo que ve, se genera una relación distinta con la imagen: más lenta, más consciente y más exigente.
6. Dispositivo
El sistema se materializa mediante una instalación compuesta por capas translúcidas organizadas en el espacio.
Estas capas pueden tomar la forma de velos, telas, acrílicos o superficies impresas que permiten el paso parcial de la luz y la visibilidad.
Sobre cada capa se disponen fragmentos de imagen. Estos fragmentos no están diseñados para ser leídos de manera independiente, sino para interactuar entre sí a través de la superposición.
El dispositivo se organiza en secuencia, generando un recorrido que el espectador debe atravesar.
La iluminación, la distancia entre capas y la densidad de la imagen son variables que afectan directamente la experiencia.
El sistema es adaptable a distintos espacios y puede escalar en tamaño, complejidad y número de capas.
7. Experiencia del espectador
El espectador no ocupa una posición externa frente a la obra. Se introduce en ella.
A medida que avanza, las imágenes aparecen, se mezclan, se desvanecen y se reconfiguran constantemente.
No hay un punto privilegiado de observación. Cada paso modifica lo que se percibe.
La experiencia genera:
- una sensación de inestabilidad visual
- la imposibilidad de fijar una imagen única
- la necesidad de reconstruir relaciones entre fragmentos
El espectador no recibe un mensaje. Participa en su construcción.
8. Condiciones de existencia
El sistema establece condiciones estrictas:
- Sin cuerpo → no hay imagen
- Sin recorrido → no hay narrativa
- Sin superposición → no hay memoria
La obra no existe como objeto independiente.
Existe únicamente como experiencia activada.
9. Aporte
El proyecto desplaza la imagen desde la representación hacia la producción.
No se trata de qué se muestra, sino de cómo se construye la experiencia visual.
Introduce un modelo donde:
- la imagen es relacional
- el espacio es estructura
- el espectador es operador activo
Este enfoque permite pensar la imagen no como resultado, sino como proceso.
10. Línea de investigación
Vacíos Opcionales marca el inicio de una línea centrada en los medios de construcción del mensaje.
Esta línea investiga sistemas donde la percepción depende de condiciones físicas y no únicamente de contenido visual.
Se enfoca en:
- la variabilidad perceptiva
- la relación entre cuerpo y espacio
- la construcción de sentido a partir del recorrido
11. Aplicabilidad
El sistema es adaptable a múltiples contextos:
- espacios expositivos
- convocatorias institucionales
- entornos no convencionales
Puede ajustarse en escala, materiales y complejidad sin perder su lógica estructural.
12. Cierre
La obra no se contempla.
Se atraviesa.
La imagen no está dada.
Se produce.
La memoria no se recuerda.
Se construye.

VACÍOS OPCIONALES
Hay recuerdos que no llegan desde el pasado.
No aparecen como algo que uno busca ni como una imagen que se decide recuperar.
Aparecen de otra manera.
Primero como una sensación difícil de ubicar.
Como si algo ya hubiera pasado, pero no se pudiera precisar cuándo, ni dónde, ni a quién.
No hay un inicio claro.
No hay una escena completa.
Solo fragmentos.
Una forma que parece conocida.
Un espacio que no termina de definirse.
Una presencia que no es del todo ajena.
Y, sin embargo, algo insiste.
Como si ese recuerdo no necesitara permiso para instalarse.
A medida que avanza, empieza a organizarse.
No en una secuencia lógica, sino en capas.
Una imagen atraviesa a otra.
Algo que parecía lejano se superpone con algo inmediato.
Lo que está adelante no oculta lo que está detrás.
Todo permanece, pero nunca al mismo tiempo de la misma manera.
No se trata de entenderlo.
Se trata de sostenerlo mientras cambia.
Hay momentos en los que parece posible fijar lo que se ve.
Pero apenas se intenta, la imagen se reorganiza.
Se desplaza.
Se rompe.
Vuelve a aparecer en otro punto.
Como si dependiera de algo que no es la imagen misma.
Como si necesitara de una posición, de un movimiento, de una relación específica para existir.
Y entonces ocurre algo más extraño.
La distancia entre lo que se recuerda y quien recuerda empieza a desaparecer.
No es claro si se está accediendo a un recuerdo,
o si el recuerdo está ocurriendo en ese momento.
No es claro si pertenece a alguien,
o si simplemente está siendo habitado.
Lo que antes parecía externo empieza a sentirse propio.
No porque se entienda,
sino porque se experimenta.
Y en ese punto, la memoria deja de ser algo que se tiene.
Se vuelve algo que se atraviesa.
No hay un punto exacto en el que eso comienza.
Tal vez ya estaba ahí antes de que pudieras notarlo.
Tal vez no apareció, sino que simplemente dejó de pasar desapercibido.
Lo cierto es que, en algún momento, ya no puedes salir de esa secuencia.
No porque algo te retenga,
sino porque no hay un “afuera” claro al cual volver.
Cada fragmento parece conducir a otro,
pero no como una historia que avanza,
sino como un espacio que se reorganiza.
Lo que estaba al fondo se acerca.
Lo que parecía central pierde peso.
Lo que no habías visto empieza a imponerse.
Nada desaparece del todo.
Todo se mantiene en un estado de presencia parcial,
como si cada imagen esperara el momento preciso
para coincidir con otra y hacerse visible.
Hay una lógica, pero no es evidente.
No se puede anticipar.
Solo se percibe cuando ya está ocurriendo.
Y cuando ocurre, dura muy poco.
Lo suficiente para que algo encaje.
No lo suficiente para que permanezca.
Entonces entiendes —si es que se puede llamar entender—
que no estás recorriendo un recuerdo.
Estás siendo atravesado por él.
No lo controlas.
No lo ordenas.

No decides qué aparece primero ni qué se queda.
Tu posición lo altera.
Tu movimiento lo reorganiza.
Pero no lo define.
Hay momentos en los que parece posible reconstruirlo todo.
Como si cada fragmento pudiera encajar en una totalidad.
Pero esa totalidad nunca se completa.
Siempre falta algo.
O sobra.
O se desplaza justo antes de cerrarse.
Y en ese desplazamiento,
en esa imposibilidad de fijar lo que ocurre,
es donde la memoria realmente se produce.
No como una imagen estable,
sino como una relación.
No hay recuerdo.
Hay activación.
No como algo que pertenece a alguien,
sino como algo que se activa en quien lo atraviesa.
Cuando finalmente intentas salir —si es que eso ocurre—
no te llevas una escena.
No hay una imagen final que puedas retener.
Lo que queda es otra cosa.
Una sensación de haber estado en un lugar que no existe del todo,
pero que, de alguna manera, ya forma parte de ti.
Como si ese recuerdo, que no era tuyo,
hubiera encontrado la forma de permanecer.
No completo.
No fijo.
No verificable.
Pero activo.





